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02
Nov
09

El Ferrocarril de Amagá

 

Este es un importante artículo publicado por el periódico el Mundo de Medellín, sobre el ferrocarfril de Amagá.

Tras los pasos del ferrocarril, entre Amagá y Fredonia
El camino del tren

Cañón del Sinifaná, cruzado por el puente. Aún prevalece su estructura metálica y los rieles; los campesinos que habitan en las distintas veredas lo utilizan a diario para ir a Fredonia o Amagá. Felipe Torres
Autor: Jorge Iván Posada Duque

Hace 37 años que el ferrocarril dejó de pasar por el Suroeste antioqueño, motor del desarrollo cafetero de sus municipios y símbolo de la industrialización del departamento.
9: 30 a.m. Cae la lluvia. 8 Kilómetros nos separan de la meta: Estación Palomos. Nuestro grupo avanza detrás del guía entre el pantano. En este camino por el que comúnmente se divisan montañas puntiagudas, y el que es acompañado por un cielo azul, ahora sólo hay nubarrones que impiden contemplar la magnitud del lugar por el que atravesamos. Vamos dejando atrás una de las más importantes estaciones del Ferrocarril de Amagá, que lleva el nombre de uno de los industriales y políticos que más impulsaron el desarrollo de esta obra ingenieril, inaugurada en 1911: Camilo C. Restrepo, hermano de Carlos E. Restrepo.

Pero sería por allá en 1924 cuando empezó a funcionar esta estación que uniría el tramo de Medellín hasta La Pintada, cuando en 1933 fueron terminadas las obras en Antioquia. Años más tarde esta misma vía sería la conexión económica del departamento con el Valle del Cauca y el puerto de Buenaventura. Ahora sólo quedan vestigios de uno de los símbolos de la industrialización antioqueña. Sobresalen caseríos grandes de tapia, con la estructura característica de las casas y bodegas de una estación ferroviaria e invasiones al lado y lado del viaducto.

Llegamos a la vereda La Delgadita de Amagá, nombre que adquiere por lo angosto del camino donde el ferrocarril se hizo paso entre montañas. El pantano es el denominador común y la lluvia, compañera tímida que no desampara nuestros pasos. Es aquí cuando surge la cuestión de cómo la naturaleza y otros factores van borrando el camino, después de tres décadas que han pasado desde que la locomotora dejó de silbar por el viaducto.

Los nuevos asentamientos y los años de abandono, el robo de los rieles, el desplazamiento de tierra por las lluvias, y al estar ubicados los 8 Km en la conocida falla geológica entre Amagá y Fredonia, han empezado a desplazar y borrar la línea que seguimos. Gente del municipio de Caldas, mineros de Amagá, cafeteros de Fredonia y campesinos de Angelópolis, fueron en su mayoría los que trazaron con azadones y martillos esta senda.

Muchos de ellos también fueron los que construyeron la gruta en el Salto del Ángel, en honor a tantos que perecieron en la construcción de la vía férrea; la que hoy en día desaparece.

11:50 a.m.

Hacemos nuestra primera parada en la choza de los aborrajados de *Don Diego Castaño, quien lleva años vendiendo estos rollos de plátano rellenos de bocadillo y queso. Además de ofrecer dos comedores y sillas para el descanso de quienes caminan, *Don Diego y su familia también venden mazamorra con leche y paletas. Ni a él le tocó ver la estela de humo de la locomotora, pero sí a generaciones transitar a pie por el viaducto, que atraídos por el pasaje arquitectónico de sus estaciones y la ubicación entre montañas de la carrilera, llegan hasta estas tierras. Según el Ministerio de Cultura, la Estación Camilo C. y el viaducto están catalogados como Bienes de Interés Cultural de Carácter Nacional por Decreto 746 24-IV-1996.

De nuevo emprendemos el viaje: 5 kilómetros restan de camino. Por un terreno despejado y llano, serpenteamos curvas, unas tras otras, hasta llegar al primer túnel. Construido y terminado en 1926, sobresale esta construcción que traspasa los 40 metros de una pequeña montaña escarpada. El túnel es de concreto, con curvas cerradas, y en su techo se puede observar las manchas negras del humo que dejó el paso de las locomotoras. En 1972 fue la última vez que el Ferrocarril de Amagá atravesó estas tierras, año en que se clausuró la vía que trasportó miles de sacos de café que produjeron los municipios cafeteros del Suroeste antioqueño desde 1926.

Según la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, seis años después de que desapareciera el ferrocarril, Colombia produjo 9.034.181 sacos de café de 60 kilos. Miles de estos dejaron de ser trasportados hacia los puertos del país por el Ferrocarril de Amagá. Sacos que tenían como destino Europa y Estados Unidos. Caminamos. Atravesamos otro túnel, también construido en 1926. Menos ancho y más corto, al igual que el primero traspasa una pequeña montaña. Seguido de éste, cruzamos uno más por donde se observa un diminuto pedazo del riel.

Campesinos de Amagá, Titiribí y Fredonia construyeron 6 túneles para que el tránsito del ferrocarril llegara hasta Medellín. Felipe Torres

Sólo a llegar al cañón del Sinifaná se puede contemplar la magnitud de lo que fue esta vía férrea. Sobresale el gran puente a nuestra vista. Majestuosa construcción de la ingeniería antioqueña. Está comprendida por dos sistemas de andamios de hierro y acero incrustados en el cañón, donde se elevan hasta una altura de 20 metros para sostener el puente, también de hierro y acero.

El puente tiene una extensión de 200 metros y atraviesa todo el cañón. Los mismos pobladores de la vereda La Delgadita fueron los que taparon con cemento el espacio entre los dos rieles para posibilitar el paso de los caminantes, mulas, motos y bicicletas. El grupo se aventuró a cruzarlo y a experimentar la sensación de sentirse pequeño y a la deriva en medio de un gigante.

1:30 p.m.

Superado el paso y el frenesí del puente, de nuevo el trayecto. De pronto abre el día y entre los nubarrones se ven los picos de las montañas y el cerro Tuza. La lluvia cesa, aumenta el olor a pasto y a árboles nativos. Al lado derecho hay fincas con caballerizas y dentro de ellas grandes ceibas y eucaliptos, y al izquierdo de la montaña que bordeamos, más árboles nativos y vacas vagabundas.

Hacemos una pequeña parada en la única estación entre el trayecto de Camilo C. y Palomos, que alguna vez funcionó como una bodega. Con su estructura física restaurada hoy en día sirve como escuela. Ahora la historia parece ser la misma, por el paso entre otros dos túneles y un puente de igual tamaño que el anterior. Pero esta vez el cruce del último cambió el ritmo y las expectativas frente a lo que nos esperaba. Esquivamos charcos, driblamos montículos de pantano y bajamos en tropel por las primeras casas de tapia del corregimiento de Palomos. Ringlera de casas viejas, vestigio del pasado, moradas de mineros y ferroviarios; de familias que llegaron hasta la carrilera para ayudar a desencarrilar trenes, quitar derrumbes, cambiar rieles y colaborar en cualquier menester que necesitara las vías del progreso, tal y como fueron llamadas estas vías por los periódicos de la época, en especial por el Correo Liberal.

Los años en que el tren pasó por este viaducto ya son lejanos. El abandono, los asentamientos al lado y lado de la vía y las oleadas de inverno han deteriorado, hasta casi desaparecer, la vía del ferrocarril. Felipe Torres

Sólo falta 1 kilómetro para llegar a la estación Palomos. El follaje cambia para dar paso a prados de fincas a un lado, casas y tugurios al otro. Por medio de la montaña baja la quebrada que arrastró el puente por donde transitaban los carros hacia las fincas. Don *Octavio Mesa, un hombre de 66 años, recuerda que el paso diario de los trenes traía consigo la bendición del trabajo, “siempre había qué hacer”, asegura. Pero el transcurrir de los años y el cierre de la vía no dejan nada de lo que ésta avanzada del progreso fue para él.

3:00 p.m.

Por fin la meta: Estación Palomos. Declarada como Bien Cultural de Interés Nacional y Patrimonio Cultural del Departamento, la Gobernación de Antioquia la incluyó en el año 2005 dentro de un plan de acción que destinó 10 mil millones de pesos hasta el 2007 para recuperar el patrimonio cultural e histórico del Departamento. Acción que hasta ahora avanza poco. Dejando atrás la línea que nos trajo hasta aquí, rugen tractomulas, automóviles y camionetas que bajan de Fredonia o que van para ella. Doblan las campanas de la iglesia, cae otra vez la lluvia menuda y suena un vallenato en una cantina.

Al abrigo de un kiosco que queda al borde de la carretera, esperamos el bus. Las impresiones de un lugar escarpado, pobre y poco cuidado quedan también en los viajeros. Repasamos los estragos del camino: zapatos embarrados, ropa empantanada, hambre, sed y un dolor de talones y dedos dice que los 8 kilómetros de viaje han terminado. Llega el pequeño bus que va para Medellín, atiborrado de pasajeros; lo abordamos colmados de vivencias nuevas y cosas que ya son recuerdos, como la vía férrea, el ferrocarril y sus estaciones.

Alcaldesa – Querella

“El problema con la vía es muy grande para nosotros los municipios de Amagá y Fredonia. Ferrovías nos exige reubicar a más de 1.000 familias que viven a lo largo del viaducto, y eso es un problema social muy grande porque ni siquiera tenemos los recursos para hacer esa intervención. Y fuera de eso no sabemos a ciencia cierta qué va a pasar con el viaducto”, aseguró la alcaldesa de Amagá Auxilio del Socorro Zapata.




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